La isla de Bréhat

Bréhat, la isla de las flores

Situado en el centro de un archipiélago de unas diez islas, Bréhat debe su apodo a la dulzura casi mediterránea de su clima que lo convierte en un lugar favorable para el desarrollo de palmeras, eucaliptos, higueras… Pero el espectáculo es también marítimo: la marea baja descubre una multitud de rocas en desorden que tienen la particularidad de ser de un granito rosa-naranja que ha seducido a muchos artistas, incluyendo el famoso pintor Matisse.

Museo virtual de Bréhat 

Este museo virtual es gratuito y sólo tiene una vocación: presentar el legado de Bréhat. El Museo ha elegido un enfoque original: sólo las obras de los pintores fallecidos se exhiben y representan exclusivamente el archipiélago de Bréhat.

La leyenda de la isla

Se dice que Gwill e Isselbert, dos jóvenes delincuentes nobles, habían planeado matar a su padre Mériadec, Conde de Goelo. Para ellos, la atracción del dinero prevaleció sobre la moral familiar. Pero Mériadec sabía lo que ellos pretendían hacer y huyó. El diablo, que estaba encantado de participar en este pequeño juego, reveló a los dos hermanos el lugar donde su padre se escondió en el norte de la isla. Gwill e Isselbert fueron allí y lo asesinaron. Cargando el cuerpo sobre sus hombros, los dos chicos subieron al acantilado. De repente el suelo se abrió bajo sus pies. La maldición había golpeado, transformando a Gwill e Isselbert en acantilados que se sumergen en el abismo.

Hoy en día, este mismo abismo sigue siendo un lugar mágico, ya que las Bréhatines en la edad de casarse tienen el hábito de llegar ahí. Allí tiran un guijarro o una piedra al abismo. Si la piedra llega al agua sin tocar las paredes, la boda se celebrará en el año. De lo contrario, las jovencitas tendrán que esperar tantos años como haya rebotes contra la pared.

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